Klara y el sol


En Klara y el sol, escrita por Kazuo Ishiguro y publicada en el 2021, construye un futuro silencioso e inquietante, donde el avance tecnológico no ha propiciado la plenitud humana, sino una forma más sofisticada de vacío. La novela propone un mundo donde los humanos han perfeccionado sus capacidades intelectuales, pero han perdido el sentido de su propia evolución.

La historia es narrada desde la perspectiva de Klara, una Amiga Artificial (AA) diseñada para acompañar a niños. Solo que esta AA cuenta con una gran capacidad de asombro ante el mundo. De esta forma, Ishiguro convierte a una inteligencia artificial en testigo privilegiado de la condición humana, invirtiendo la jerarquía tradicional entre creador y creación. Klara observa, interpreta y desarrolla una fe inalcanzable.

Klara
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Otro eje muy importante de esta novela es que redefine la idea de progreso. En este futuro, los niños “mejorados” mediante intervenciones genéticas representan el ideal social, mientras que aquellos que no han sido intervenidos quedan relegados a una periferia casi invisible. La evolución deja de ser un proceso colectivo y se fragmenta en una lógica de selección artificial que no busca el bienestar común sino la optimización individual.

Aunque la sociedad que Ishiguro imagina no es violenta, es abiertamente excluyente. La marginación de los “no mejorados” se presenta como una práctica asumida, naturalizada. La novela no denuncia un sistema opresivo en términos clásicos, sino una normalidad construida sobre la indiferencia. No se justifica la desigualdad, simplemente se integra en el tejido social.

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No obstante, el aspecto más sugestivo de la obra radica en la dimensión espiritual. Mientras los humanos se distancian lentamente de toda forma de significado profundo, Klara desarrolla una relación significativa e inquietante con el Sol, al que percibe como una fuente de vida, energía e incluso voluntad. Su fe no es racional ni programada en un sentido evidente: emerge de su perspectiva al habitar el mundo.

Ishiguro nos empuja a considerar cuáles son los aspectos que consideramos exclusivamente humanos, como la fe o la esperanza al manifestarse con mayor intensidad en una entidad artificial. En contraste, los humanos que la rodean aparecen atrapados en una lógica instrumentan donde las relaciones afectivas son mediadas por el cálculo y la inminente posibilidad de reemplazar lo perdido. Las IA no arrebatan a los humanos su lugar; lo ocupan en la medida en que este ha sido abandonado.

“—El señor Capaldi consideraba que no había nada especial en el interior de Josie a lo que yo no pudiera dar continuidad. Le dijo a la Madre que lo había buscado con insistencia y nunca había dado con nada parecido. Pero ahora estoy convencida de que estaba buscando en el lugar equivocado. Sí que había algo muy especial, pero no estaba en el interior de Josie. Estaba en el interior de quienes la querían. Por eso ahora creo que el señor Capaldi estaba equivocado y que yo no habría logrado llevar a cabo lo que él pretendía. De modo que me alegro de haber actuado como lo hice.”

Klara funciona como un espejo invertido. Su mirada revela no solo el mundo que habita, sino las carencias de quienes lo han construido. Su fe en el Sol, su interpretación del sufrimiento y su disposición al sacrificio contrastan con la frialdad de los humanos.

Klara y el sol no es una novela sobre el futuro, sino sobre el presente llevado a sus últimas consecuencias. La obsesión por la mejora, la aceptación de la desigualdad y la pérdida de sentido no son invenciones especulativas, sino tendencias reconocibles. Ishiguro no advierte sobre un colapso inminente, sino sobre una erosión gradual: la de aquello que entendemos por humanidad.

La pregunta que queda flotando no es si las máquinas llegarán a ser como nosotros, sino si nosotros estamos dejando de ser aquello que creemos ser. porque quizá el verdadero peligro no sea la inteligencia artificial, sino la renuncia silenciosa a lo que nos hace humanos.

Karla
guogete

2 respuestas

  1. Al leer tu reseña no puedo evitar asociarlo en parte con «Yo robot» y la saga «La Fundación» de Asimov, aunque en realidad la primera aborda la aporía de un dielema éticos entre humanidad e IA; y la segunda, sobre todo despliega la búsqueda de una suerte de utopía cimentada en la preservación del «conocimiento humano». Se percibe interesante la novela de Ishiguro. Procuraré leerla. Gracias por compartir

    1. Hola, Antonio.
      Muchas gracias a ti por leer la nota. Saludos

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