Paulina Arcos

Hace poco fui invitada a dar un taller de escritura creativa en un espacio cultural muy bello llamado Valexico, acá en el centro de Toluca. Ha sido una experiencia gascinante y mejora cada semana. No solo porque se han ido integrando más personas interesadas en escribir, sino porque los textos mismos han ido evolucionando.

Algunos han descubierto que terminar un texto, no siempre significa avanzar de principio a fin. No todos los textos crecen de la misma forma, ni todos los autores descubren sus historias recorriendo el mismo camino.

Escribir se parece a observar un organismo en desarrollo. Incluso una misma obra puede experimentar  diferentes estados durante su proceso de escritura: comenzar como una semilla, convertirse en micelio, entrar en reposo o mudar de piel.

estructura anatómica de los textos
La semilla: cuando una historia germina

Me gusta imaginar el crecimiento de algunos textos como si se tratara de plantas  que crecen a partir de una semilla. Esta se desarrolla para mostrar el potencial y descubrir qué historia contiene. Todo comienza con un núcleo pequeño: una situación, una imagen, una frase, un personaje o una pregunta. El escritor quizá no conoce todavía la planta que surgirá de ahí. Solo tiene una semilla.

A medida que escribe aparecen las raíces: antecedentes, conflictos, relaciones, preguntas que no estaban contempladas al principio. Después surge el tallo y nuevas ramas. Una escena produce otra y se descubre cuál es la historia con forme se avanza en su escritura. Estos textos comienzan con una situación sencilla y al desarrollarse, revelan que debajo había una historia mucho más grande.

El micelio: textos que crecen debajo de la superficie

Otros textos se parecen más a los hongos pues crecen con una red extensa de: escenas, recuerdos, diálogos, referencias, sueños, asociaciones… Al leerlos en estado de borrador, quizá no encontremos en ellos una lógica o una historia en concreto. No es que les falte estrucura, sino que todavia no puede verse. Es más una escritura asociativa, una expansión que no sigue una dirección visible. Se expanden en todas direcciones como el micelio.

El río: escribir siguiendo un cauce

El autor parte de un punto y avanza hacia otro. Tal vez no conozca el lugar exacto donde acabará, pero sabe muy bien cuál debe ser el siguiente movimiento. Se desvía, encuentra obstáculos, recibe afluentes, cambia de velocidad e incluso se bifurca antes de volver a encontrar su rumbo. Un conflicto provoca una reacción y aunque el recorrido se modifique, existe una dirección predominante sobre la que avanza el escritor.

El arrecife: construir por sedimentación

Luego están los textos que se construyen tras acumular pequeñas piezas, como ocurre con un arrecife de coral. Estos se forman a partir de organismos y estructuras diminutas que tras acumularse, crecen y modifican el espacio que habitan. Durante la escritura, los autores guardan fragmentos de escenas que todavía no saben dónde colocar. Después escriben un diálogo, más adelante aparece un personaje. Días después encuentran una imagen que parece pertenecer al mismo universo. Cada fragmento luce insignificante por separado, pero con el tiempo la estructura se vuelve visible.

La crisálida: cuando escribir también significa detenerse

Incluso el reposo es un estado crisálido. Aunque no podemos observar lo que ocurre en su interior, no significa que no esté ocurriendo una transformación. Los textos pueden quedarse guardados durante meses, y cuando el autor vuelve a ellos, reconoce algo que antes no veía. Un personaje revela una posibilidad que no había sido considerada. Una escena que antes parecía innecesaria adquiere importancia. O el final que parecía evidente deja de funcionar.

La metamorfosis: cuando un texto cambia de especie

Hay textos que cambian a través de la metamorfosis. Como cuando el escritor cree que está escribiendo un cuento y más tarde descubre que es una novela. O cuando parte de una experiencia personal que más tarde se ficciona. Este tipo de textos demuestran que no todos los textos crecen, sino que pueden mutar. Transformarse.

El árbol: crecer hacia arriba y hacia abajo

Mi proceso creativo favorito se asemeja al de un árbol. Hacia arriba podemos ver lo que el autor escribe: personajes, diálogos y capítulos. No obstante, el escritor también está creciendo hacia abajo. Investiga. Recuerda. Observa. Lee. Descarta. Se hace preguntas. Cambia de opinión. Encuentra asociaciones. Regresa a una escena. Descubre que una palabra tiene más importancia de la que imaginó.

Las raíces necesitan crecer antes de que aparezca una nueva rama, del mismo modo en que un escritor puede pasar semanas sin avances visibles, porque está profundizando la idea. La cantidad de páginas producidas no siempre corresponde con la cantidad de trabajo creativo realizado. Por eso a veces una sola página puede ser el resultado de semanas de pensamiento.

La muda: cuando un texto se desprende

Así como ocurre con las serpientes que al crecer necesitan abandonar una piel que ya no les sirve, en ocasiones los textos mudan de piel para desprenderse de lo que no funciona. No significa que la primera versión del texto sea un fracaso, pues servirá para moldear la segunda.

Los textos mudan de piel cuando una escena desaparece, o uno de los personajes cambia, o incluso cuando la estructura se rompe y una idea que parecía central se vuelve secundaria. En estos casos guardar los borradores puede ser muy valioso. Aunque los textos terminados oculten su proceso de transformación, las versiones anteriores conservan las huellas de aquello que alguna vez pudo ser.

estructura anatómica de los textos

Creo que escribir no consiste en encontrar un solo método correcto para construir una historia, sino en aprender a reconocer sus distintos estados de desarrollo.

Este taller literario se ha convertido en un laboratorio donde observamos a los textos mutar y transformarse, aunque hayan sido escritos de último momento o en horario laboral. Tal vez no lo notamos, pero así como el entorno es muy importante para el crecimiento de las especies, también lo es para desarrollar nuestras ideas.

¿Has notado otras estructuras en tu proceso creativo?

Espero que te haya gustado esta nota, ¡Hasta la siguiente!