Escucho la ciudad colarse por mi ventana. Vibración. Movimiento. Martillazos metálicos y excavadoras rugiendo. Hoy ha muerto otro obrero. Entregó su energía y no fue por dinero, sino para alimentar al coloso de cemento. Esos hombres no mueren de enfermedad: la construcción los requiere fuertes. Son el pilar más importante.
La gran urbe los devora. Los selecciona para erigirse con ellos. Toma las almas como tributo para aglomerarse y reconstruirse sin descanso. Al resto nos permite ir y venir en el laberinto de puertas y entradas que dispone para cada uno.
Casi en cada azotea hay una cruz. Señalan cuántas almas se ofrecieron para levantar ese edificio. Camino frente a sus escaparates. Observo y soy observada. La ciudad se nutre de la energía de quienes la transitan. Cada paso deja una estela de nuestro espíritu y se adhiere al asfalto.

Crecí leyendo cuentos góticos sobre castillos tenebrosos, cementerios envueltos en niebla y maleficios por venganza. Con el tiempo descubrí mi inclinación hacia el gótico urbano, ese que nos deja la certeza de que lo cotidiano puede fracturarse. Que un edificio puede derrumbarse y convertirse en tu propio ataúd de piedra. Que el eco de los túneles vacíos del subterráneo recuerda al susurro del viento en una cripta. Que tu reflejo distorsionado en el cristal de un rascacielos te devuelva un gesto que no hiciste.
La ciudad no da miedo por su inmensidad, sino por sus grietas. Por esos “no lugares” donde lo humano parece disolverse: Hospitales abandonados, estacionamientos subterráneos, escaleras de emergencia que no conducen a ninguna parte, casas con ventanales rotos exhibiendo su deterioro. Arquitecturas hostiles donde los monstruos, además de colmillos, también tienen uniforme y rostro anónimo.
Quizás lo gótico urbano no solo sea un género, sino un nivel de sensibilidad. Una forma de mirar la ciudad como si fuera una piel llena de cicatrices. Lo monstruoso no aparece: vigila. No grita: dicta leyes y protocolos. Su presencia es una sentencia.

Robby McCullough
El gótico urbano reconoce que lo extraño nos rodea cada día, aunque no sepamos cómo nombrarlo. Su objetivo es recordarnos que seguimos siendo vulnerables, incluso rodeados de tecnología, cámaras y algoritmos que prometen seguridad.
Si realmente quieres conocer la historia de un lugar, no solo observes los lugares bonitos. Recorre las ruinas, las esquinas derruidas, las fábricas abandonadas. Allí donde la ciudad deja ver su esqueleto.

Si te interesa leer historias de este género te recomiendo que busques a autores como: Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Bernardo Esquinca, Norma Lazo, Haruki Murakami, Chuck Palahniuk.
Para algunos de estos autores, la ciudad es un organismo predador. Lo sobrenatural se infiltra en el cotidiano, Lo psicológico y lo social se mezcla con lo espectral. El cuerpo humano es afectado por la arquitectura o la tecnología. Además, los escenarios suelen ser de ruinas, periferias y zonas industriales o construcciones inacabadas.
Agradezco que hayas leído hasta aquí. Espero que tengas la oportunidad de leer alguno de los autores. También puedes escribirme para hacer alguna recomendación de gótico urbano que te guste mucho.
Recuerda dejar un saludo para saber que me leíste y nuevamente: muchas gracias. =)


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