Carcoma


Una de mis novelas favoritas es Carcoma, escrita por la española Layla Martínez y publicada en el 2021. Podría clasificarse no solo como realismo mágico, sino también como feminismo espectral, además de terror rural. Aunque lo más interesante es que está basada en la historia familiar de la autora.

La trama gira alrededor de una casa heredada en un pueblo cercano a Cuenca. Allí conviven dos voces femeninas que reconstruyen la historia del lugar y de su propia familia. En cada capítulo revelan momentos de abusos y rencor transmitidos de generación en generación.

Carcoma

«Aquí se te caen los dientes y el pelo y las carnes y a la que te descuidas te andas arrastrando de un lado para otro o te echas en la cama y no te levantas más.»

Carcoma no da una explicación clara de los hechos. Más bien corroe a través de recuerdos, intuiciones y rumores. Uno avanza por la historia como si explorase una casa vieja habitación por habitación. En cada espacio aparecen grietas: un detalle del pasado, una anécdota familiar, una pista sobre lo que ocurrió antes.

El pueblo aparece como un espacio donde todo se sabe pero casi nada se dice abiertamente. Los rumores circulan, las historias se deforman y la memoria colectiva funciona como un archivo imperfecto. En ese ambiente, la casa familiar se convierte en el punto donde todas esas historias se concentran.

«Al principio eran débiles, después subieron de intensidad. Llamaban desde dentro, cada vez con más fuerza. Después empezaron los arañazos y las sacudidas y la puerta del armario comenzó a astillarse. La madera se rompía con cada golpe. Del interior del mueble salía un llanto como de niño que reconocí enseguida porque lo había oído cientos de veces. Me acerqué hasta la puerta. En ese momento, la silla cayó al suelo y el armario se abrió. La casa entera se contrajo alrededor de la habitación, expectante.»

Carcoma es una novela breve, pero muy densa en atmósfera. Más allá de causar miedo, su intención es perturbar. Muestra cómo el trauma no se limita a una generación: se reproduce y se transforma a lo largo del tiempo. Las mujeres de la historia no son víctimas pasivas. Por el contrario, creen en la venganza y que tarde o temprano se paga todo.

La violencia se construye de manera gradual. No aparece de forma espectacular ni dramática. Al contrario, se va revelando poco a poco a través de detalles: comentarios, insinuaciones, recuerdos parciales.

«También veo las sombras aquí. Las veo arrastrarse por las escaleras y los pasillos, reptar por el techo, acechar detrás de las puertas. La casa está llenita de ellas. A algunas las hemos visto llegar desde el pueblo y desde el monte, pero otras están aquí desde que se construyó la casa. Se mezclaron con la argamasa de los ladrillos y con la cal de las paredes. Están en los cimientos y en las tejas, en los suelos y las vigas.»

La carcoma es un insecto que devora la madera desde dentro. No destruye las cosas de forma inmediata; lo hace lento, dejando estructuras aparentemente intactas pero huecas por dentro. Esa imagen funciona como una metáfora perfecta para lo que ocurre en la historia. La familia, la casa y el propio pueblo parecen mantenerse en pie, pero por dentro están atravesados por décadas de resentimientos.

Layla Martínez

Carcoma recuerda que los lugares también guardan memoria. A veces la violencia no desaparece, sino que se incrusta en los cimientos. Y cuando uno sale de ella, entiende que los fantasmas que golpean las puertas y arañan los armarios, son las historias de generaciones que fueron silenciadas.

Espero que tengas oportunidad de leer la novela y si es así, déjame tus comentarios para saber qué te pareció. ¡Hasta la siguiente!

Una respuesta

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